Elegir la renta fija

La sección de renta fija (RF) de nuestra cartera está compuesta por bonos. Los bonos son simplemente préstamos que damos a los emisores de dichos bonos (gobiernos y empresas), a cambio de un tipo de interés concreto durante un plazo determinado. El cupón periódico que recibe el poseedor de un bono es fijo, y esta característica es la que da nombre a la renta fija, en contraste con la retribución variable (dividendos/apreciación) que recibimos con las acciones (renta variable).

Así como utilizamos la renta variable para hacer crecer nuestros ahorros, la renta fija nos servirá para protegerlos, siempre que la elijamos adecuadamente. Frente a la alta volatilidad que debemos sufrir para obtener la rentabilidad que esperamos de la renta variable, la renta fija nos ofrece una mucho menor variación de su valor a lo largo del tiempo, a cambio claro está de una menor rentabilidad esperada.

Tipos de bonos

Podemos diferenciar distintos tipos principales de bonos, en base a:

  • Emisor: bonos gubernamentales, los emitidos por los gobiernos, y corporativos, emitidos por las empresas
  • Plazo: bonos a corto (1-4 años), medio (5-10 años) y largo (>10 años) plazo
  • Calidad crediticia: bonos de máxima calidad (rating AAA-AA), de grado de inversión (rating superior a BBB) o bono basura (inferior a BBB).
  • Divisa: bonos denominados en euros, o bien en otras divisas (USD, GBP, CHF,…)

Cuando seleccionamos un fondo de renta fija, si queremos que cumplan adecuadamente la función de protección que buscamos, debemos fijarnos en que los bonos que dicho fondo contiene en su cartera sean del tipo apropiado.

¿Cuál es la misión principal de la renta fija?

La función principal de la renta fija es amortiguar las caídas de la renta variable. Sabemos por experiencia que la bolsa puede sufrir desplomes del 50% (crisis financiera 2007, crisis punto-com 2000 o crisis del petróleo 1973) e incluso del 80% (Gran Depresión), que pueden hacer desaparecer en cuestión de semanas o meses los ahorros acumulados durante años. En estas ocasiones, tener un porcentaje de RF en nuestra cartera va a permitir disminuir de forma significativa nuestras pérdidas, lo cual puede aportarnos dos beneficios muy relevantes:

  1. evitar el pánico ante las cuantiosas pérdidas sufridas, que nos puede conducir a vender nuestra RV en el peor momento (consolidando las pérdidas)
  2. proveernos de dinero que lleguemos a necesitar si dicha crisis ha afectado nuestras fuentes de ingresos, o bien usarlo para rebalancear (comprando RV “barata”)

Es importante conocer cuáles son los riesgos que puede tener la RF, para saber cómo evitarlos, y lograr que la RF cumpla con esta misión de protección que le hemos encomendado.

¿Cuáles son los riesgos de la renta fija?

Los principales riesgos de los bonos serían:

  • Riesgo de impago: la posibilidad de que no nos devuelvan el capital prestado, o bien de que sólo nos devuelvan una parte (quitas). El nivel de calidad crediticia de un bono es el que nos da una orientación respecto a esa probabilidad de impago.
  • Riesgo de tipo de interés: si los tipos de interés suben, los nuevos bonos que se emitan a partir de ahora ofrecerán un tipo superior al que mis bonos “antiguos” me pagan, y por lo tanto el valor/precio de mis bonos desciende. Este riesgo es mayor cuanto más largo es el plazo de los bonos, ya que estaré cobrando un cupón inferior al de mercado durante más tiempo. Consecuentemente, ante una subida de tipos el valor del bono desciende más cuanto más alejado esté su vencimiento.
  • Inflación: la subida de los precios a lo largo de los años hace que cuando me devuelvan, dentro de 5, 10 o 20 años, los 1.000 euros que yo invertí en un bono, lo que puedo comprar con ese dinero es inferior a su poder adquisitivo al principio. Cuando se compra un bono, el tipo de interés ofrecido tiene en cuenta la inflación que se prevé exista en el futuro. Si la inflación crece por encima de esas expectativas, nuestros bonos irán perdiendo capacidad de compra y por tanto, valor. Por lo tanto, también en este caso, el riesgo de inflación aumenta con el plazo de los bonos.

¿Qué características debe tener la renta fija para ofrecernos protección?

La renta fija que nos puede proteger de las caídas bursátiles es aquella cuyo comportamiento no está correlacionado con el de la RV, es decir, que no se mueve en sintonía con esta última. Vamos a elegir además una RF con las características adecuadas para que no sólo se comporte de forma independiente a la RV, si no que además pueda servir de contrapeso, es decir, que tienda a subir de valor en los momentos en que la RV caiga. Para ello, vamos a buscar qué características minimizan los riesgos vistos en el punto anterior.

El principal riesgo a evitar es el del impago, ya que su efecto es permanente e irrecuperable, por lo tanto lo primero que buscaremos en la renta fija es que sea de alta calidad crediticia. Esta calidad la vamos a encontrar habitualmente en la deuda gubernamental de países desarrollados, preferentemente aquellos con ratings AAA , AA o A. También podemos encontrar deuda corporativa de alta calidad crediticia que podríamos incorporar en nuestras carteras, pero históricamente se ha visto que este tipo de bonos tiende a comportarse peor que la gubernamental durante las crisis, que es precisamente los momentos en los que queremos que la RF cumpla su función principal.

Los otros dos riesgos que hemos visto anteriormente (tipo de interés e inflación) aumentan con el plazo de la deuda, y es por ello que evitaremos que nuestra RF tenga un vencimiento medio de largo plazo. La deuda a corto plazo es la más estable, pero en el marco de una cartera a largo plazo tiene un par de desventajas: por una parte, su rendimiento estimado es muy probable que se quede por debajo de la inflación, y nos haga perder poder adquisitivo, y por otro lado, históricamente su capacidad amortiguadora ante caídas de la RV es menor que la de los bonos de mayor plazo. Por lo tanto, una adecuada solución de compromiso parece encontrarse en buscar que nuestra RF sea de medio plazo.

Otro riesgo a evitar sería el riesgo divisa, no específico de la RF, que soportaríamos en caso de adquirir bonos denominados en una divisa distinta al euro. Éste es un riesgo que no merece la pena soportar en la RF, ya que la gran volatilidad a la que sometería a nuestra RF anularía la función de protección y amortiguamiento que buscamos en ella. La primera forma que tenemos de evitar el riesgo divisa es, por tanto, simplemente invertir en deuda en euros. Otra forma de evitarlo es adquirir deuda en otras divisas, pero utilizando fondos que cubran el riesgo divisa frente al euro, denominados fondos cubiertos o ‘hedged’.

En resumen, la RF buscada sería deuda gubernamental de alta calidad, de vencimiento a medio plazoen euros o bien en otras divisas cubierta.

¿Qué fondos de bonos incorporo como RF en mi cartera?

Actualmente ya tenemos a nuestra disposición algunos fondos indexados (pocos, la verdad) que contienen los bonos de los tipos y características que buscábamos en el punto anterior. Básicamente consisten en:

  • Fondo de deuda gubernamental de los países del euro, que contiene todos los bonos emitidos por dichos países. En términos de calidad, encontramos desde países con la máxima calificación (AAA) como Alemania u Holanda, hasta países al borde del grado de inversión como Italia (BBB), siendo la calidad media un A+, que es mejorable, pero habitualmente suficiente para nuestros objetivos. En cuanto al vencimiento medio, al tener bonos de todos los plazos, el resultado es un fondo de plazo medio. Las tres gestoras principales (Vanguard, Amundi e iShares) tienen una versión de este fondo.
  • Fondo de deuda gubernamental global cubierta, tiene en cartera los bonos emitidos por los 13 principales países desarrollados, en sus diversas divisas. La calidad media es algo superior al fondo europeo, y además su comportamiento es más estable, debido también a la diversificación que aporta estar expuesto a distintas economías. También sería un fondo de plazo medio, y de momento tan solo Amundi lo ofrece, con un TER superior al resto de alternativas.
  • Fondo de deuda global cubierta, incluye tanto deuda gubernamental como corporativa (aprox. 1/3) de más de 30 países, algunos emergentes incluidos. Su calidad media es buena, pero la inclusión de deuda corporativa implica que en momentos de crisis puede tener un comportamiento menos estable/protector que los fondos sólo gubernamentales. Fondo de plazo medio ofrecido por Vanguard.

Cualquiera de los tres fondos puede cumplir adecuadamente la función que le encomendamos a la RF, y la elección de unos u otros, o incluso su combinación, dependerá más bien de su disponibilidad en el comercializador que usemos, o de posibles preferencias personales en base a las ligeras diferencias entre unos y otros.

¿Cómo diversificar la renta fija ante diversos escenarios?

Queremos que la renta fija nos proteja ante las caídas que las diversas crisis o escenarios económicos problemáticos provocan en las bolsas. Pero estas situaciones son muy diferentes unas de otras, y pueden afectar también de alguna forma a la renta fija, aunque habitualmente a algunos tipos de deuda más que a otros.

Un primer paso para que nuestra RF aguante mejor diversos escenarios económicos es elegir la deuda global cubierta sobre la deuda sólo en euros. Por una parte, porque al contener deuda de distintas zonas económicas, las crisis les afectarán de forma diferente. Por otra parte, los bonos globales son interesantes diversificadores porque los tipos de interés de otras monedas tienen habitualmente ciclos distintos de subida y bajada que el euro, y esa descorrelación nos permitirá que parte de nuestra cartera RF amortigüe las caídas de los bonos euro cuando los tipos suban en nuestra zona.

Un segundo nivel de diversificación o protección ante eventos inesperados nos lo pueden aportar estos otros tipos de fondos de RF:

  • Fondo de bonos ligados a la inflación: estos bonos van aumentando a lo largo de los años su nominal, y por tanto sus cupones, siguiendo el crecimiento del índice de precios europeo. De esta forma, nos aportan protección frente a subidas inesperadas de la inflación, y también van aportando diversificación, pues su evolución a corto plazo va ligada a las expectativas de evolución de la inflación, que pueden provocar comportamientos diferenciados entre ellos y los bonos nominales.
  • Fondo de alta calidad crediticia: contienen bonos de países altamente solventes como Alemania u Holanda. Pueden ser un complemento interesante para una RF basada en el clásico fondo de RF euro gubernamental o bien de RF global con algo de deuda corporativa. En el primero de los casos, aproximadamente un tercio de la cartera está en bonos de países del sur de Europa, cuyas valoraciones sufren mucho en cuanto aparecen noticias negativas en relación a la continuidad de la eurozona o similares. En estos casos, los “bonos del Norte” aportan un muy interesante contrapeso a las caídas del fondo euro.

¿De qué otros vehículos disponemos para completar la RF?

Los fondos de deuda a medio plazo representan un vehículo excelente para conformar la porción de RF de nuestra cartera, pero disponemos de otro par de vehículos que también pueden formar parte de ella, como son los depósitos a plazo y las cuentas remuneradas.

  • Depósitos a plazo: son una interesante alternativa a la deuda a corto plazo, sobre la que presentan algunas ventajas. La primera de ellas es la rentabilidad: frente a los tipos negativos en los que los bonos a corto llevan instalados varios años ya, los intereses de los depósitos al menos son capaces de aportarnos algo de rendimiento. A ello también contribuye su falta de gastos, frente a las comisiones de los fondos. Por otra parte, ante una subida de tipos no van a sufrir ningún recorte de su valor, e incluso nos pueden permitir acceder a dichos nuevos tipos mediante su cancelación, con penalizaciones relativamente baratas. Por todo ello, los depósitos pueden dar tranquilidad a aquellos inversores que ven con cierta preocupación que toda la RF de su cartera, que supuestamente debe aportarles protección, se encuentre invertida en bonos a medio plazo, que pueden sufrir pérdidas de valor en situaciones como crisis de deuda o aumento de tipos de interés.
  • Cuentas remuneradas: sus características y utilidad son similares a los depósitos, simplemente nos ofrecen unos intereses inferiores, a cambio de disfrutar de una disponibilidad inmediata de nuestro dinero.

¿Tiene sentido invertir en renta fija en un entorno de tipo de interés tan bajos?

Lo tiene, si tenemos claro que su misión principal es protegernos ante las caídas bursátiles, y consideramos también otros beneficios que, como ya hemos ido comentando, la renta fija nos aporta:

  • estabilidad: la renta variable puede perder en un día lo que la renta fija pierde en un año. Tener una parte de nuestra cartera en RF nos evita que su valor sufra bruscos altibajos, lo que nos aporta tranquilidad y nos permite dormir mejor. Nuestras inversiones no deben hacernos perder sueño.
  • descorrelación: una de las claves al componer una cartera es combinar activos que no estén correlacionados, es decir, que no suban y bajen al mismo tiempo, o que al menos no lo hagan en la misma magnitud. Lo ideal sería encontrar activos que incluso se comporten de forma inversa, es decir, que uno suba cuando el otro baje. Y eso es lo que habitualmente consigue la RF gubernamental de calidad. Subir cuando la RV baja. Y esta RF es el único activo que lo ha conseguido de forma consistente a lo largo de la historia, no hay ningún otro: ni oro, ni sector inmobiliario, ni RF corporativa…
  • buen comportamiento: esa estabilidad y descorrelación nos ayudan a evitar malas decisiones en los momentos más inadecuados, es decir, permiten “comportarnos” mejor. De esta forma, tener RF en la cartera disminuye el riesgo de sucumbir a nuestros sesgos de comportamiento, y por lo tanto, tendremos una mayor probabilidad de éxito a largo plazo en nuestros objetivos financieros.

Teniendo en cuenta que los tipos de interés vigentes en el momento en que invertimos son el mejor pronóstico acerca de la rentabilidad que obtendremos de la RF, hay que mentalizarse de que los rendimientos futuros van a ser inferiores a los disfrutados en las últimas décadas (tanto en RF como en RV). Ante este escenario, para poder alcanzar nuestros objetivos, tendremos que centrar nuestros esfuerzos en cuestiones como nuestra tasa de ahorro, los costes o los sesgos personales, y alejarse de la tentación de aumentar nuestros riesgos en búsqueda de una mayor rentabilidad.